El Feng Shui y los cambios

Las personas u organizaciones sienten en forma creciente mucha curiosidad por la disciplina Feng Shui. Se ha vuelto una moda perdurable. Mas una moda al fin. Entre ciertos individuos queda bien decir que conocemos de ella.
Sin embargo “del dicho al hecho…hay un largo trecho”. Yo diría que en este caso más que trecho como recorrido se trata de altura: un salto. Un movimiento vertical más que horizontal.

Aplicar los principios del Feng Shui no es cambiar la cama de lugar, o poner una fuente en la entrada de las oficinas: es priorizar aspectos de la vida que no son los que se destacan hoy en día en nuestra sociedad. Lo que me hace sentir cómodo a mí versus lo que me deja bien considerado frente a otros, lo lindo frente a lo útil, son algunas de las dicotomías que nos producen una especie de shock a la hora de poner manos a la obra concretamente hablando.

Como toda antigua tradición, no podemos pretender que el Feng Shui escape a la norma de modificar más que lo externo: cambiamos cosas exteriores para cambiar interiores y viceversa. Como estudiamos espacios, asesoramos sobre cuestiones espaciales, sobre cuestiones si se quiere “materiales”, sin embargo ello siempre lleva implícitos cambios interiores o, en el caso de las organizaciones: cambios en las relaciones.
Es muy fácil y cómodo leer sobre orientaciones, brújulas, buscar aquí en internet y tomar lo que nos conviene – y no está mal -, pero para que se produzcan cambios de suerte o cambios de rumbo (es lo que buscamos al indagar sobre qué usar del Feng Shui para incorporar a nuestros espacios, no es así?) hace falta generar un orden nuevo.

Resistencia versus éxito

Toda nueva situación nos estimula y también nos despierta miedos. La resistencia al cambio está presente en toda consulta y hasta en toda posibilidad de consulta. Mucho se lee, mucho nos preguntan a quienes nos dedicamos a esto, mas poco se hace o se está dispuesto a hacer, o menos son las ganas de aplicar lo que se suele sugerir. Es por ello que generalmente, el que nos consulta y tiene una apertura para ir más allá de poner plantas para estimular la circulación energética, es aquél que nota que como viene, no avanza. En el área que sea. Y por ello se atreve a ser audaz: será que llega el momento en que la necesidad es más fuerte que el miedo y su compañera la resistencia.

Sabemos que nos estamos desprendiendo de recuerdos, de ciertas comodidades de lo conocido aunque sea inútil tenerlo y nos esté impidiendo progresar. Y esto se ve tanto en las casas como en las empresas. Es habitual que visite empresas donde todo se guarda “para cuando se necesite” al punto de inmovilizar enormes superficies para acumular cosas que quedan durmiendo en el lugar durante años. Así suelen dormir sus finanzas también.
Desprenderse de recuerdos no gratos y tóxicas comodidades debería encararse con entusiasmo, y sin embargo cuesta hacerlo. La vida es cambio. Nosotros somos cambio. Y si bien parecen realidades dadas por sentado, la actualidad nos impulsa a hacer todo lo contrario. Quedarnos en la adolescencia o los 25 años in eternum para ser atractivos, mantener nuestra forma de pensar ininmutable para ser considerados seres aplomados.

Desde esta disciplina sin embargo se propone el cambio como relación de armonía con la energía de la vida. Acompañar el devenir de nuestra existencia pudiendo manejar aún en medio de la tormenta; acompañar el devenir de la sociedad pudiendo no sobrevivir sino crecer, como organización. Esto promueve el Feng Shui, y esto que tememos, es lo que nos traerá ventura, como dice el sabio “libro de las mutaciones”: el I ching.

El Feng Shui de Navidad II

Practiquemos la religión cristiana o no, este tiempo marca el cierre de un ciclo temporal y el comienzo de otro. Ateos, agnósticos, creyentes de todas las religiones: todos nos regimos aquí en occidente por el calendario oficial y aunque como en el caso del judaísmo -por dar un ejemplo- exista otro, las actividades con el resto de la comunidd y las relaciones interpersonales imprimen un ritmo común. Termina el año.

Es LA oportunidad para los pedidos o anhelos, las promesas y auto promesas, los planes a futuro por excelencia. Todos sabemos que ésto podemos hacerlo en cualquier época, sin embargo se nos impone ahora. Decimos se nos impone porque pocos mortales pueden evitar sucumbir a estos ritos benéficos -pocos de los que no se deprimen en estas fechas, claro: ellos están excluidos de las proyecciones esperanzadoras de estas fiestas-.

Es bueno saber que si buscamos un cambio, sea interior o exterior, ambas cosas van a suceder acompañadas, lo queramos o no. Entonces: ¿por qué no aprovechar este ímpetu de renovación y empezar a destronar el regimen establecido? Sí: los muebles, las ubicaciones, las decoraciones, las no-decoraciones, los ambientes, el espacio global del lugar que usamos.

Si usamos este saber que lo externo cambia con lo interno y viceversa a nuestro favor, en vez de acusar recibo pasivamente, podemos modificar el entorno de tal modo de alinearlo con las metas a las que aspiramos. Los proyectos que esperamos concretar. Los hábitos que queremos consolidar.

Adecuar ordenada y cómodamente una parte de la casa a tareas de concentración y creación. Aggiornar los estantes y despensas para poder regularizar nuestras comidas (sacar de la vista lo que nos tienta si tenemos problemas de exceso de peso o por el contrario crear en la cocina un ámbito que incentive la alimentación si el problema es el contrario) pueden ser algunos de los sencillos aunque importantísimos pasos que podemos realizar para empezar un Año Nuevo.

Hagan ustedes su lista de modificaciones deseadas. Y recuerden que no hay recetas estándar para las casas y lugares de trabajo, como no las hay para la vida de cada persona.

Aquí estamos para las consultas que requieran si se deciden por un asesoramiento que los comtemple en su propia y única circunstancia y deseos. ¡Qué inicien un año de gran bienaventuranza!

El Feng Shui de Navidad I

"la limpieza es lo primero"

1er paso del Feng Shui de Navidad

A mis 16 años tuve el regalo del Cielo de conocer a una mujer de 80 años con la que entablé una relación de amistad: se había criado como hija de un estanciero y pasó muchas aventuras en su vida. Gilda Lucía Leyes: merece su mención. Trabajó de grande -luego de su divorcio- como enfermera, y ya estando jubilada seguía trabajando -con una energía que cualquiera de los menores envidiaría- como masajista. Dada la edad y la intensa actividad que desarrollaba, me pedía a mí, adolescente, que cada tanto le acomodara su humilde, muy humilde departamento. Y especialmente para la época de las Fiestas, me decía que la ayudara a limpiar todo “a fondo”, porque había que “recibir al Niño Jesús con la casa limpia”. Yo escuchaba todo con mucha avidez pero no entendía la mayoría de las cosas que ella decía, sobre todo porque en esa época yo no era creyente. Pero igual hacía lo que me pedía.

Muchos años después mi Maestro me confirmó las palabras de esta señora, cuando nos enseñó que en el Feng Shui, antes de hacer cualquier tarea compleja o intervención energética o colocación de cualquier elemento para incrementar el chi, lo primero que había que realizar en el lugar era una limpieza física del mismo. Detergente, lavandina, agua: “fuera mugre”, para resumirlo en una frase.

De nada sirven todo lo demás, ni lo lindo que uno coloque, ni el dinero que invierta en decoración y confort, si hay suciedad: existe la suciedad energética, pero la suciedad física la precede, acompaña y avanza junto con ella.

Más allá de la creencia o no de cada uno de nosotros -se puede no ser cristiano, y que este tiempo signifique el comienzo de una nueva etapa en muestra vida porque termina el año, se puede no creer en Dios pero sí saber que hay algo que trasciende lo visible, y que alimenta con vida todo lo que nos rodea- esta acción mejorará visible e invisiblemente nuestras vidas. Con prana, con chi, con vitalidad: como cada cual lo identifique.

Para que esta energía fluya, para “recibir al Niño Jesús”, para renovar la vida y la vitalidad en los espacios que habitamos o donde pasamos horas de nuestra vida, antes que cualquier técnica compleja está la sencilla tarea de pasar la escoba y el trapo de piso!

En Feng Shui de Navidad II vamos por el siguiente!

El agujero en el bolsillo

Las áreas de dinero y prosperidad de los lugares son los espacios por donde fluye o se potencia esa faceta de nuestras vidas/emprendimientos en el lugar físico.

Todo perfecto, hasta ahí. ¿Qué pasa cuando ese sector (determinado por la tradición oriental en una zona particular) “cae” en el baño?

“Oh Dios mío”: nos agarramos la cabeza cuando vemos eso. Pero todo tiene solución.

Además de trabajar con técnicas especiales esa zona, para evitar que el dinero se “deseche” o malgaste, otra medida MUY SENCILLA Y MUY IMPORTANTE es mantener las tapas de los escusados o inodoros bajas, no levantadas. Tapar los agujeros. Que no sea el baño el famoso agujero en el bolsillo por donde se caen los billetes y las monedas.

Aunque no fuera el caso de que nuestro cuarto de baño coincidiera con el área del dinero, esta recomendación sirve para ser aplicada de todos modos, ya que si se tratara de la zona de los viajes, el conocimiento, el amor, la creatividad, etcétera: el efecto no deseado es similar.

Algo sencillo, nada complejo, sólo cuestión de costumbre mas ¡FUNDAMENTAL para cuidar nuestra prosperidad y bonanza!

Los excesos decorativos I

En el Feng Shui aplicado a occidente -donde prima la diversidad de cultutas, criterios, tradiciones, y su interacción permanente- no es fácil la tarea de dar “consejos” a la hora de asesorar sobre lo ideal en un lugar.

¿Por qué digo lo “ideal”?, porque lo ideal depende de la/s persona/s con las que estemos hablando. Cada uno de nosotros tiene su historia, sus gustos, sus influencias. Por eso es tan ineficaz seguir “recetas” de revistas o libros.

Sin embargo hay ciertas líneas rectoras, cosas que positivamente son benéficas o perjudiciales sin importar a quién estemos asesorando sobre la decoración de un lugar.

El exceso o sobrecarga visual en un espacio funciona como el exceso de objetos: no son cosas que impidan mover el cuerpo, pero sí son imágenes que nos rodean hasta el punto de sentir asfixia. Lo que no puede circular en estos espacios, cuando hay exceso de elementos visuales decorativos (un ambiente completamente en estilo barroco, por ejemplo) es nuestra propia mente.

He podido ver ésto en casas de gente con alto poder adquisitivo, que lo considera un signo de status y a los que difícilmente podemos persuadir de los efectos nocivos de esta decoración: hasta que ellos mismos relatan su sensación permanente de aplastamiento en ese sector de la casa, y es ahí donde ayudamos a que asocien lo decorativo con esa sensación paralizante.

También hay algunos hoteles que optan por dar un toque glamoroso excediéndose en los colores, formas y densidad de objetos o figuras decorativas. Los huéspedes rara vez permanecen mucho tiempo allí.

A veces no es cuestión de deshacerse de objetos sino de espaciarlos, y alivianar el fondo o escenario que los contiene, para compensar su carga, que por sí misma no es negativa, pero sí empieza a serlo cuando hay acumulación.

Las puertas cerradas

En cualquier vivienda -aunque también sucede en lugares de trabajo- puede existir una habitación que, por diferentes motivos, ha sido destinada a acumular todo lo que no se usa, y se la mantiene cerrada o prácticamente entramos sólo a buscar algo olvidado, cada tanto tiempo.

No puede llamársele depósito, ya que un depósito (de herramientas, por ejemplo) o una despensa tendrían así función establecida y el consiguiente orden y estructura -estantes, estanterías, clasificación de las cosas según su utilidad o clase, para hacer un uso frecuente de las mismas, para poder moverse rápido y saber dónde está lo que buscamos cuando lo necesitamos-.

Estos cuartos, en cambio, parecen “el lugar del olvido” en donde van a parar muebles viejos o en desuso, y empiezan a  ser el destino de todo aquello a lo que no se le  encuentra un lugar o no se puede hacer el desprendimiento, quedando generalmente cerrados, a los que ni siquiera se ingresa para abrir las ventanas y hacer que diariamente entre luz, ya que se los considera muertos. Y eso son: zonas muertas.

Para el Feng Shui las casas tienen vitalidad, como los organismos pero de un modo silencioso a nuestos oidos aunque perceptible en nuestro espíritu y mente.

Tener una zona muerta en nuestra casa o lugar de trabajo es como tener una zona muerta de nuestro desarrollo personal. Depende en qué sector bagua (los lugares todos están compuestos por 9 zonas temáticas, llamadas “bagua” en la tradición) esté ubicada esta habitación, allí será donde repercuta paralizando esa área de nuestra vida.

No está mal destinar un lugar a tener cosas que por el momento no se usarán, pero este lugar debe formar parte, estar integrado, al resto del espacio en que se encuentra. Podemos iluminarlo bien -sea con luz artificial o natural-, no mantener permanentemente cerradas sus puertas, darle alguna función extra: por ejemplo area de planchado, pequeño taller de manualidades, office donde asiduamente se vaya en busca de implementos en una empresa). Para que la vitalidad también circule por allí, para que deje ser el “cuarto del cuco” al que nadie quiere ir o si va, entre y salga rápidamente para volver a dejar la puerta cerrada.

Hay mucho más que podemos decir de estos lugares: sus características y cómo revertirlos, y así lo haremos en próximas entregas.

Desde ahora podemos empezar abriendo las puertas, y así abriendo la puerta de la vida para que alimente todo el espacio y también nos ayude a recuperar un área de nuestra propia existencia.

La circulación de la vida

Estamos en épocas que nos llenan de incertidumbre: sea que pasemos un buen momento económico o por el contrario, no nos esté yendo de maravillas, el fantasma de la falta de recursos  ronda por doquier.

Esto hace que el acumular cosas materiales, como método defensivo, como protección ante la necesidad, se vuelva cada vez más común y es algo que vemos generalizado en las casas y oficinas de quienes nos consultan y en las que no. Yo misma tiendo a acumular cosas “porque más tarde pueden serme útiles”. Y los espacios se vuelven depósitos y dejan de ser funcionales a la vida que se desarrcuando no circula la vida por los espaciosolla en ellos.

Esto no sólo trae malestar psíquico, sino que “expulsa” a las personas de nuestros lugares, y a los habitantes de los mismos los aplasta, como si literalmente tuvieran todo eso encima y casi no pudieran moverse. Pero este efecto no se limita a lo psicológico sino que también estanca la energía vital: no hay lugar para que circulemos, no hay lugar para que circule la vida, no hay espacio para que circule el chi, la energía que nutre todo.

El trabajo de desprendimiento es complicado: no todo tiene que ser eliminado, pero sí es importante el orden y la facilidad de circulación tanto física, como de lo que no vemos y sin embargo hace su efecto invisible en vuestra vitalidad y nuestra suerte: el chi.

Mucho se ha hablado y escrito sobre el tema, consejos hay cientos, pero cada uno de nosotros debe descubrir qué objetos son más un estorbo que un beneficio en su espacio. A veces la intervención de alguien más ayuda, otras sólo nosotros podemos determinarlo. Con el trabajo de Feng Shui en los espacios, esta tarea se empieza a realizar como por arte de magia, empieza a correr un aire nuevo que nos impulsa a poner orden y a desprendernos naturalmente de cosas que antes atesorábamos como irremplazables.

Empecemos este nuevo año más livianos en todo sentido: un modo es alivianar la densidad de nuestras casas y lugares de trabajo.

 

 

*foto gentileza de http://radiocontempo.wordpress.com/

Nuestro bienestar: aquí y ahora

Sucede a menudo -cuando las personas con las que converso sobre Feng Shui no son aquejadas por problemas realmente graves- que me comentan: “- Ah, ¡qué bueno es hacer una ambientación personal! Cuando me mude…(insértese aquí “estoy por comprar una propiedad / compré una propiedad y estoy remodelando / tengo planeado en unos meses cambiar las oficinas de lugar / etc.) me agradará que conversemos para disponer todo armónicamente.”

Suelo responderles:”- sabe que no hace falta esperar para aplicar los principios del Feng Shui a lugares donde uno va a iniciar actividad, sino que lo ideal es hacerlo aquí, ahora, El tiempo que pasapara facilitar el desarrollo y prosperidad en lo que YA estamos haciendo, favorecer la mudanza (o accelerar las refacciones) e inclusive hacer que el traspaso de las oficinas sea lo menos traumático posible: que no interfiera con el bienestar y productividad de quienes se desempeñan en ellas, antes y después de la reubicación-”.

Aquellos que se deciden a hacer un cambio hoy, notan como sus planes se potencian y como un plus obtienen ganancias en otras áreas de su vida por las cuales no habían consultado. Se reducen los gastos extras, el tiempo que lleva el proceso en el cual se hayan inmersos, y cuando llega el momento de iniciar la nueva etapa, lo hacen con una energía extraordinaria.

No hay un momento “mejor” en contraposición a otro “menos propicio” para aplicar en un espacio (y por lo tanto en la vida de quienes lo habitan) los cambios necesarios para encontrar plenitud en el mismo, de igual modo que no hay un momento mejor y uno menos propicio para hacer algo bueno por nosotros mismos.
Ese momento SIEMPRE es hoy.

El buen consejo

Las excusas de los pájaros

Una noche se oyó decir a un murciélago: “¿Cómo es que soy incapaz de ver aunque sea por un instante la luz del sol? Toda mi vida la he pasado en desesperación porque me fue imposible perderme en él ni por un instante. Durante meses y años he volado de aquí para allá con los ojos cerrados, y ¡heme aquí!”. Un contemplativo le dijo: “Estás lleno de orgullo, todavía tendrás que viajar durante miles de años. ¿Cómo puede un ser como tú descubrir el sol? ¿Puede una hormiga llegar a la luna?”. “Sin embargo”, dijo el murciélago, “seguiré tratando”. Y así durante varios años continuó buscando hasta que ya no le quedaban ni fuerzas ni alas. Como todavía no había descubierto el sol, dijo: “Quizás he volado más allá de él”.

Un pájaro sabio, al oírlo, dijo: “Vives en un sueño; has estado volando en círculos y no has avanzado un solo tramo; ¡Y en tu orgullo supones que has dejado el sol atrás!” esto fué un golpe duro para el murciélago que dándose cuenta de su desamparo, se dijo con gran humildad: “has encontrado un pájaro de visión penetrante, quédate junto a el”.

La Luz todo lo traspasa y todo lo completa